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El totalitarismo y los videojuegos.

Miércoles 10 marzo 2010 Deja un comentario Go to comments

Cualquier persona con algo más de un dedo de frente conocerá el poco apego que Hugo Chávez, más conocido en determinados mentideros como El Gorila Rojo, tiene a la libertad individual. Y es que como buen dirigente totalitario, pura degeneración soviética las más de las veces, tiende irremediablemente a extender las garras del todopoderoso Estado hasta el último palmo de la libertad de sus súbditos.

Las víctimas de sus atropellos liberticidas se cuentan por decenas: desde medios de comunicación hasta escritores, pasando por librepensadores o  catedráticos universitarios; pero en esta ocasión, dando un paso más en la escalada de censura que asola Venezuela, el gobierno del rico país sudamericano ha convertido en realidad una nueva prohibición en uno de los pocos sectores que, hasta ahora, escapaban a su yugo: el ocio electrónico.

De este modo, desde el pasado miércoles, será perseguida toda persona que sea sospechosa de vender, importar, manufacturar, alquilar o distribuir videojuegos o juguetes violentos en cualquier plataforma de ocio digital (por supuesto, la definición de “violento” queda a juicio de la burocracia chavista), pudiendo enfrentarse a una pena de hasta cinco años de prisión (sí, habéis leído bien).

Históricamente, los regímenes totalitarios (especialmente los de corte marxista), y con la excusa de evitar a sus ciudadanos el mal trago de tener que ver, leer, o contemplar determinadas manifestaciones artísticas o culturales y abstraerlos así de eventuales agresiones intelectuales, han tendido siempre a sobreproteger (nótese la ironía) a los gobernados a través de la censura (obviamente, todo ello responde a la máxima de que un pueblo aborregado es mucho más fácil de pastorear que una sociedad preparada e informada). Es por ello que, viniendo de quien y de donde viene, esta medida no sorprende. Pero como la desfachatez del personaje no conoce límites, lejos de envolver todo este asunto en un halo de bondad estatal en pro de la buena salud mental de sus ciudadanos (que igualmente sería insultante, no obstante), Chávez no ha dudado en tachar los videojuegos violentos como veneno pro-capitalista. Y, como buen totalitario y marxista (excúseme la redundancia), tiene el deber cuasidivino de combatir cualquier manifestación en ese sentido.

En este lado del Atlántico, mientras miramos con resignación la espiral de autodestrucción en la que andan sumidos nuestros hermanos americanos (y no sólo los venezolanos), creemos salvaguardada nuestra libertad individual, en cuanto a videojuegos se refiere, gracias a la autorregulación que se ha impuesto el sector: el código PEGI. Este distintivo, que aparece en todos los juegos que circulan en nuestros mercados, señala claramente la edad a la que va dirigido el título en cuestión o, por omisión, las edades para las que no está recomendado. Sin embargo, esta advertencia de edad, aceptada absolutamente en otros ámbitos artísticos como el cine, no ha logrado frenar por completo las ansias censoras de determinados sectores sociales. Así, cuando ven la luz títulos, por ejemplo, de las conocidas sagas de Rockstar (GTA, Manhunt, etc.), no son pocas las asociaciones que ponen el grito en el cielo y los califican de aberración y horroroso ejemplo para sus hijos, al tiempo que piden su fulminante prohibición. Y todo ello pese a que en la portada aparece un “18” casi tan grande como la madre Tierra y en la contraportada aparece un resumen detallado del contenido del juego (contenido sexual, lenguaje soez, drogas, violencia, etc.).

Sólo en la medida en que, entre todos los que nos honramos en llamarnos jugadores, logremos conseguir que los videojuegos, como expresión artística y como vehículo tan válido como el que más para expresar opiniones, ideas o simplemente contar historias, sean equiparables, por ejemplo, al cine o la literatura, habremos ganado parte de la guerra. Y en la medida en que las asociaciones cívicas  (o incívicas, según opiniones) que, con espíritu claramente inspirado en el totalitarismo omnipresente, acepten y entiendan que son los propios individuos, y no las asociaciones o los Estados, los que deciden en qué invierten su tiempo de ocio y que el hecho de jugar a un juego no nos convierte por arte de birlibirloque en protagonistas del mismo, estaremos aún más cerca de ganar la guerra.  Pero todavía quedan batallas que dar.

Cierto es que, por el momento, nuestras democracias, algunas peor que mejor, resisten el envite liberticida y, en este sentido, estamos libres de tiranos modernos como Chávez. Pero no dudemos que, si el progreso humano insiste en discurrir por los procelosos caminos de lo políticamente correcto, irónicamente un invento capitalista, algún día nos llevaremos un disgusto. Y de los gordos.  Mientras tanto, sigamos aferrados a nuestros mandos y jugando todo lo que podamos y recemos, si es menester, para quedarnos, al menos, como estamos.

Saludos.

Tiernoman.

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Categorías:Videojuegos
  1. Jueves 11 marzo 2010 en 0:53

    Estoy completamente de acuerdo. No me cae nada bien Chávez, debería escuchar a Venezuela y darse cuenta de que lo que está haciendo no es correcto, en absoluto. Si yo fuera gamer y viviera en Venezuela, o me buscaba otro Hobby o emigraba, ya que éste tío es capaz de etiquetar como violento hasta un Mario.

    Y los videojuegos cada vez van a peor. Entre éste tipo de gente, las revistas o programas que lo critican, la censura, el DLC, la piratería, los sensores de movimiento, los juegos casuals y las peleas entre gamers van a acabar con el mundo de los videojuegos. Es una lástima, pero viendolo ahora da hasta pena cómo hemos podido caer tan bajo en tan poco tiempo…

    Saludos

    PD: Si te interesa, hemos hecho un foro para juegos: .

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